Mostrando entradas con la etiqueta economia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta economia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de enero de 2013

Quieren desmantelar el Mercadillo de Fuengirola

   Ayer, día 15 de enero, el Grupo Municipal de IU-LV Fuengirola mantuvo una reunión con Rafael González Pérez, Presidente de la Asociación Empresarial de Comerciantes Ambulantes de Málaga y Provincia Zona Occidental (A.E.C.A.M.P.Z.O.), y diversos comerciantes ambulantes de nuestro municipio afectados por la decisión de la Concejalía de Vía Pública de extinguir las licencias del mercadillo de los martes y domingos en Fuengirola a través de una serie de Decretos.

   La posición de Izquierda Unida respecto a este tema es clara, ya que no podemos permitir que en el momento de crisis por el cual estamos atravesando, donde el paro a nivel nacional, autonómico y local sigue aumentando sin parar, el Ayuntamiento de Fuengirola deje sin empleo a más de 20 familias que se dedican al comercio ambulante local.

   Estas familias que el Partido Popular con su decisión deja a la deriva, son familias humildes y con escasos recursos, cuyo único medio de subsistencia es la venta ambulante, en algunos casos desde hace más de 30 años. Con las extinciones de las licencias se condena a estas familias a la exclusión social.

   Este Ayuntamiento ha concedido el fraccionamiento de la deuda a la mayoría de los comerciantes afectados, pero este fraccionamiento es tan elevado (150 € a la semana en algunos casos), que muchos comerciantes no han podido hacer frente al mismo viéndose abocados a la extinción de la licencia por no poder enfrentarse a dichos pagos fraccionados.

   Por todo esto, desde el Grupo Municipal de Izquierda Unida-Los Verdes hemos realizado una petición apoyando otra que días atrás había registrado la Asociación de Comerciantes (A.E.C.A.M.P.Z.O.) para solicitar una moratoria para el pago de las deudas de estos comerciantes, así como dejar sin efecto los Decretos anteriormente mencionados.

Solicitud de IU-LV Fuengirola
Solicitud de A.E.C.A.M.P.Z.O.

martes, 21 de agosto de 2012

Un cañón en el culo

   A continuación les obsequiamos con un genial artículo de Juan José Millás, publicado hace unos días en el diario El País, y titulado "Un cañón en el culo". Otra visión de la economía real Vs financiera.


Si lo hemos entendido bien, y no era fácil porque somos un poco bobos, la economía financiera es a la economía real lo que el señor feudal al siervo, lo que el amo al esclavo, lo que la metrópoli a la colonia, lo que el capitalista manchesteriano al obrero sobreexplotado. La economía financiera es el enemigo de clase de la economía real, con la que juega como un cerdo occidental con el cuerpo de un niño en un burdel asiático. Ese cerdo hijo de puta puede hacer, por ejemplo, que tu producción de trigo se aprecie o se deprecie dos años antes de que la hayas sembrado. En efecto, puede comprarte, y sin que tú te enteres de la operación, una cosecha inexistente y vendérsela a un tercero que se la venderá a un cuarto y este a un quinto y puede conseguir, según sus intereses, que a lo largo de ese proceso delirante el precio de ese trigo quimérico se dispare o se hunda sin que tú ganes más si sube, aunque te irás a la mierda si baja. Si baja demasiado, quizá no te compense sembrarlo, pero habrás quedado endeudado sin comerlo ni beberlo para el resto de tu vida, quizá vayas a la cárcel o a la horca por ello, depende de la zona geográfica en la que hayas caído, aunque no hay ninguna segura. De eso trata la economía financiera.

Estamos hablando, para ejemplificar, de la cosecha de un individuo, pero lo que el cerdo hijo de puta compra por lo general es un país entero y a precio de risa, un país con todos sus ciudadanos dentro, digamos que con gente real que se levanta realmente a las seis de mañana y se acuesta de verdad a las doce de la noche. Un país que desde la perspectiva del terrorista financiero no es más que un tablero de juegos reunidos en el que un conjunto de Clicks de Famóbil se mueve de un lado a otro como se mueven las fichas por el juego de la Oca.

La primera operación que efectúa el terrorista financiero sobre su víctima es la del terrorista convencional, el del tiro en la nuca. Es decir, la desprovee del carácter de persona, la cosifica. Una vez convertida en cosa, importa poco si tiene hijos o padres, si se ha levantado con unas décimas de fiebre, si se encuentra en un proceso de divorcio o si no ha dormido porque está preparando unas oposiciones. Nada de eso cuenta para la economía financiera ni para el terrorista económico que acaba de colocar su dedo en el mapa, sobre un país, este, da lo mismo, y dice “compro” o dice “vendo” con la impunidad con la que el que juega al Monopoly compra o vende propiedades inmobiliarias de mentira.

Cuando el terrorista financiero compra o vende, convierte en irreal el trabajo genuino de miles o millones de personas que antes de ir al tajo han dejado en una guardería estatal, donde todavía las haya, a sus hijos, productos de consumo también, los hijos, de ese ejército de cabrones protegidos por los gobiernos de medio mundo, pero sobreprotegidos desde luego por esa cosa que venimos llamando Europa o Unión Europea o, en términos más simples, Alemania, a cuyas arcas se desvían hoy, ahora, en el momento mismo en el que usted lee estas líneas, miles de millones de euros que estaban en las nuestras.

Y se desvían no en un movimiento racional ni justo ni legítimo, se desvían en un movimiento especulativo alentado por Merkel con la complicidad de todos los gobiernos de la llamada zona euro. Usted y yo, con nuestras décimas de fiebre, con nuestros hijos sin guardería o sin trabajo, con nuestro padre enfermo y sin ayudas para la dependencia, con nuestros sufrimientos morales o nuestros gozos sentimentales, usted y yo ya hemos sido cosificados por Draghi, por Lagarde, por Merkel, ya no poseemos las cualidades humanas que nos hacen dignos de la empatía de nuestros congéneres. Ya somos mera mercancía a la que se puede expulsar de la residencia de ancianos, del hospital, de la escuela pública, hemos devenido en algo despreciable, como ese pobre tipo al que el terrorista por antonomasia está a punto de dar un tiro en la nuca en nombre de Dios o de la patria.

A usted y a mí nos están colocando en los bajos del tren una bomba diaria llamada prima de riesgo, por ejemplo, o intereses a siete años, en el nombre de la economía financiera. Vamos a reventón diario, a masacre diaria y hay autores materiales de esa colocación y responsables intelectuales de esas acciones terroristas que quedan impunes entre otras cosas porque los terroristas se presentan a las elecciones y hasta las ganan y porque hay detrás de ellos importantes grupos mediáticos que dan legitimidad a los movimientos especulativos de los que somos víctimas.

La economía financiera, si vamos entendiéndolo, significa que el que te compró aquella cosecha inexistente era un cabrón con los papeles en regla. ¿Tenías tú libertad para no vendérsela? De ninguna manera. Se la habría comprado a tu vecino o al vecino de tu vecino. La actividad principal de la economía financiera consiste en alterar el precio de las cosas, delito prohibido cuando se da a pequeña escala, pero alentado por las autoridades cuando sus magnitudes se salen de los gráficos.

Aquí están alterando el precio de nuestras vidas cada día sin que nadie le ponga remedio, es más, enviando a las fuerzas del orden contra quienes tratan de hacerlo. Y vive Dios que las fuerzas del orden se emplean a fondo en la protección de ese hijo de puta que le vendió a usted, por medio de una estafa autorizada, un producto financiero, es decir, un objeto irreal en el que usted invirtió a lo mejor los ahorros reales de toda su vida. Le vendió humo el muy cerdo amparado por las leyes del Estado que son ya las leyes de la economía financiera, puesto que están a su servicio.

En la economía real, para que una lechuga nazca hay que sembrarla y cuidarla y darle el tiempo preciso para que se desarrolle. Luego hay que recolectarla, claro, y envasarla y distribuirla y facturarla a 30, 60 o 90 días. Una cantidad enorme de tiempo y de energías para obtener unos céntimos, que dividirás con el Estado, a través de los impuestos, para costear los servicios comunes que ahora nos están reduciendo porque la economía financiera ha dado un traspié y hay que sacarla del bache. La economía financiera no se conforma con la plusvalía del capitalismo clásico, necesita también de nuestra sangre y en ello está, por eso juega con nuestra sanidad pública y con nuestra enseñanza y con nuestra justicia al modo en que un terrorista enfermo, valga la redundancia, juega metiendo el cañón de su pistola por el culo de su secuestrado.

Llevan ya cuatro años metiéndonos por el culo ese cañón. Y con la complicidad de los nuestros.

jueves, 26 de abril de 2012

Una crisis estructural conlleva un nuevo orden social

   La actual crisis económica está revelando que los gobiernos e instituciones internacionales están profundamente despistados al respecto de lo que deberían hacer para resolver la crisis. Mientras el Fondo Monetario Internacional (FMI) ofrece soluciones antagónicas a las que proponen otras instituciones, como por ejemplo el Banco de España y el mismo FMI de hace algunos años, la Comisión Europea ha anunciado recientemente también que modifica su política respecto a cuestiones tales como el salario mínimo interprofesional -ahora le parece una herramienta útil para salir de la crisis. Y los gobiernos, que comenzaron a intentar capear la crisis con medidas de estímulo económico ahora están enfrascados en la aplicación de duras medidas de ajuste que amenazan con llevar la economía a una Gran Depresión.

   En ese marco la pregunta que muchos se hacen, con independencia de sus prejuicios e ideología, es: ¿hay alternativas?, ¿podemos encontrar soluciones para evitar la gran catástrofe social y económica que se avecina?, ¿o por el contrario tenemos que resignarnos a aceptar los efectos que provocan políticas de recortes contempladas como necesarias e inevitables?

   La actual crisis es una naturaleza estructural porque es universal (no circunscrita a una sola esfera, por ejemplo productiva, financiera, ecológica…), global (afecta a todas las economías del mundo) y continua en el tiempo (no es cíclica en el sentido de requerir un breve lapso de tiempo para su recuperación). La crisis más parecida ocurrió en los años treinta del siglo pasado, si bien ahora hay nuevos elementos en juego de una importancia crucial (como el fenómeno ecológico).

   Ahora bien, cuando uno busca alternativas tiende a pensar a partir de una estructura mental muy determinada históricamente. Esto quiere decir que de forma automática ofrecemos respuestas que se inscriben dentro del marco habitual en el que hemos venido operando hasta este momento. Y ahí está uno de los errores más importantes, pues echamos mano de las mismas herramientas que hemos utilizado hasta ahora para procurar responder a problemas que son nuevos.

   Pero lo que se está viniendo abajo es precisamente ese mundo al que estábamos acostumbrados, esas instituciones que habían regido el funcionamiento de nuestras economías en los últimos treinta años. Se está viniendo abajo, en palabras de los economistas radicales estadounidenses, la estructura institucional que ha configurado el mundo en el que vivíamos hasta ahora. Más concretamente, se están rompiendo las formas de relación entre capital y trabajo, entre capital y Estado, entre capitales y la propia ideología dominante.

   En este escenario no cabe respuesta en el marco institucional previo, es decir, no es posible pensar en términos de algo que ya no existirá por más tiempo. Y esto la derecha económica lo sabe perfectamente. La derecha está dinamitando esas relaciones arriba mencionadas con objeto de avanzar hacia un nuevo orden social de una naturaleza profundamente regresiva. Cabe decir, a modo de ejemplo, que la derecha no reforma el mercado de trabajo sino las relaciones laborales, esto es, la relación entre capital y trabajo. Y obviamente lo hace a favor del capital, porque el modelo social al que aspira requiere eso. Requiere superar las actuales instituciones a favor de una nueva configuración social diseñada a partir de sus tesis ideológicas.

   La izquierda tradicional o socialdemócrata, sin embargo, espera amargamente un cambio milagroso que le permita volver a ofrecer soluciones en un marco familiar. Por esa razón los partidos socioliberales, como el PSOE, limitan su acción política a esperar que la Unión Europea de un giro de 180 grados y vuelva a admitir políticas de inspiración keynesiana. Pero no entienden, o no quieren aceptar, que la propia Unión Europea es una institución rota que se mantiene viva porque la derecha la está utilizando en su huída hacia delante, hacia ese nuevo orden social que convenimos en llamar neofeudalismo.

   La solución a esta crisis estructural tiene que ser necesariamente estructural, es decir, ha de modificar todas esas relaciones a las que hacía referencia antes. Pero no al modo en que lo hace la derecha, sino a partir de otra lógica radicalmente distinta. Las medidas de política económica necesarias implican romper y superar el marco actual.

   Baste un ejemplo gráfico. El problema de la vivienda en nuestro país es tan grave que lleva a que haya una media de 250 desahucios al día a la vez que existen casi 6 millones de viviendas vacías, todo lo cual se acompaña de una realidad social que impide que las generaciones más jóvenes puedan incluso aspirar a emanciparse. Esa situación puede resolverse interviniendo en los stocks de viviendas que son propiedad de los bancos, tanto de los privados como de los que están intervenidos, pero conlleva necesariamente romper con la lógica imperante hasta ahora. Es decir, es una solución radical -la única posible- que implica romper con los contratos y la llamada seguridad jurídica, e incluso con la propiedad privada. Lo mismo ocurre con otras soluciones necesarias como la auditoría de la deuda pública o la reestructuración de deudas privadas, medida esta última que recomienda ya hasta el FMI.

   No olvidemos el contexto histórico, en un mundo altamente globalizado donde las economías capitalistas compiten entre sí con mayor ferocidad que nunca y donde los trabajadores de todas partes están sometidos a la existencia del “ejército industrial de reserva mundial”. El mundo está cambiando y esta crisis está demostrando que la fractura institucional afecta a todos los niveles, incluído el ideológico. La gente está cambiando también su estructura mental, tras desmitificar el capitalismo y la ideología dominante que profesaba que el individualismo social y económico nos llevaría a la gloria personal y nacional. Todo está en cuestión y lo estará más en los próximos meses y años, abriendo oportunidades y riesgos nuevos para la configuración de una nueva sociedad.

   La derecha ya ha tomando su decisión porque está huyendo hacia delante. Sabe que de esta crisis ha de nacer un nuevo orden social y, dejándose arrastrar por la dinámica del sistema capitalista que conlleva la competencia feroz en todos los ámbitos, se está deshaciendo de lo que considera lastres (Estado del Bienestar y derechos laborales fundamentalmente). La izquierda está despertando, afortunadamente, y ya reclama la refundación de los países y las economías, llamando a nuevos procesos constitucionales y otras nuevas formas de cambiar la configuración social actual. Ahí es donde yo veo la batalla, en responder qué nuevo orden social queremos nosotros en contraposición con el dramático deseo de la derecha.

Alberto Garzón Diputado por Málaga en el Congreso