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jueves, 12 de septiembre de 2013

Senador Griñán

   Hoy queremos compartir un artículo posteado en el blog A la izquierda del Guadalquivir , en este artículo se informa a los ciudadanos/as de como será la votación que supondrá  la elección de Griñán como Senador, ya que la derecha andaluza aprovecha el desconocimiento de la población para culpar a Izquierda Unida de la elección de Griñán como Senador y así que pueda convertirse en aforado en el Supremo.

   Izquierda Unida, como bien explica este artículo que compartimos de forma literal, nada tiene que ver en la elección de Griñán como Senador. Por ello este artículo tiene a bien dar información a la ciudadanía ya que es bueno contrastar, informarse y reflexionar para no caer en la tergiversación y la manipulación continua del PP y la derecha andaluza. 

SENADOR GRIÑÁN vía @rojosevillano  



   Los ojos miraban atentamente a IU, a ver qué hacía… de igual modo que miraban a Gordillo en el voto de investidura: a ver qué vota, a ver qué dice… pero Gordillo no estaba. Un “ooooh!” clamoroso sonó en tribuna de prensa.


   Es lógica la expectación ante lo que haga IU y sobre todo si la ignorancia campa a sus anchas y cada cual se cree lo primero que le dicen por las esquinas… valga otra vez el simil de Gordillo: el primo del cuñado del amigo del carnicero del barrio de la tía Conchita me ha contado que el jefe de policía de Marinaleda cobra más que el alcalde. Y claro, lo de siempre… #laculpaesdeIU y cuerpo a tierra, que viene el fuego amigo.

   Mucho se ha hablado estos días del “papelón” de IU a la hora de votar a Griñán como senador… ¿Papelón? Veamos que no es un papelón, ni siquiera un papel de secundario y es que IU no pinta nada en esa votación, es decir, el voto de IU es insignificante.
Admito que hasta yo mismo me lo creí, que el puesto de senador de Griñán estaba en nuestras manos, pero no hay nada como buscar y leer… comparar informaciones y no creerse a la primera lo que diga el carnicero ese o su cuñado.

   Resulta que la votación para designar senadores en el Parlamento se hace en secreto, con un papel en el que se listan los candidatos de cada partido por orden alfabético y cada partido puede proponer a quién quiera según el número de votos; por ejemplo IU propuso a José Manuel Mariscal porque le “tocaba” un senador por Andalucía. 
  
  Esa votación sólo puede ser a favor o en blanco, es decir no se puede votar en contra, y se irá proclamando senadores según el orden descendente de los votos. Por tanto, si sólo al PSOE le corresponde proponer candidatos para suplir vacantes y ni PP ni IU pueden votar en contra, y además no hace falta una mayoría sino que se designan según orden decreciente… un candidato con un único voto a favor podría llegar a ser senador.
 
   Todo esto no se trata de un complot judeomasónico para aforar a Griñán que, por cierto, ¡ya es aforado al ser parlamentario! Se trata del reglamento del Parlamento cuyo extracto se muestra abajo y que se puedeconsultar íntegramente aquí.

   Así que bajen armas y envainen sus espadas: #laculpaesdelPSOE y de este sistema que lo deja todo atado y bien atado.


   Que Griñán huya, que el aforamiento no deba existir o que este reglamento parezca hecho a propósito es harina de otro costal.


   Allá el PSOE con lo que hace, IU no puede hacer nada para impedirlo pues lo único que nos une es un acuerdo programático y el compromiso de no tener imputados en el Consejo de Gobierno (de ahí que Griñán, Aguayo o Ávila se hayan ido).
  
   Pero claro, parafraseando a nuestro portavoz Castro, si no es nuestro perro ni son nuestras pulgas… ¿para qué regalarle un bonito collar antipulgas?


   Mero marketing, o agitpro para los puros, nuestra imagen está en juego.

 Daniel González (Coordinador de ALEAS Andalucía)

jueves, 26 de abril de 2012

Una crisis estructural conlleva un nuevo orden social

   La actual crisis económica está revelando que los gobiernos e instituciones internacionales están profundamente despistados al respecto de lo que deberían hacer para resolver la crisis. Mientras el Fondo Monetario Internacional (FMI) ofrece soluciones antagónicas a las que proponen otras instituciones, como por ejemplo el Banco de España y el mismo FMI de hace algunos años, la Comisión Europea ha anunciado recientemente también que modifica su política respecto a cuestiones tales como el salario mínimo interprofesional -ahora le parece una herramienta útil para salir de la crisis. Y los gobiernos, que comenzaron a intentar capear la crisis con medidas de estímulo económico ahora están enfrascados en la aplicación de duras medidas de ajuste que amenazan con llevar la economía a una Gran Depresión.

   En ese marco la pregunta que muchos se hacen, con independencia de sus prejuicios e ideología, es: ¿hay alternativas?, ¿podemos encontrar soluciones para evitar la gran catástrofe social y económica que se avecina?, ¿o por el contrario tenemos que resignarnos a aceptar los efectos que provocan políticas de recortes contempladas como necesarias e inevitables?

   La actual crisis es una naturaleza estructural porque es universal (no circunscrita a una sola esfera, por ejemplo productiva, financiera, ecológica…), global (afecta a todas las economías del mundo) y continua en el tiempo (no es cíclica en el sentido de requerir un breve lapso de tiempo para su recuperación). La crisis más parecida ocurrió en los años treinta del siglo pasado, si bien ahora hay nuevos elementos en juego de una importancia crucial (como el fenómeno ecológico).

   Ahora bien, cuando uno busca alternativas tiende a pensar a partir de una estructura mental muy determinada históricamente. Esto quiere decir que de forma automática ofrecemos respuestas que se inscriben dentro del marco habitual en el que hemos venido operando hasta este momento. Y ahí está uno de los errores más importantes, pues echamos mano de las mismas herramientas que hemos utilizado hasta ahora para procurar responder a problemas que son nuevos.

   Pero lo que se está viniendo abajo es precisamente ese mundo al que estábamos acostumbrados, esas instituciones que habían regido el funcionamiento de nuestras economías en los últimos treinta años. Se está viniendo abajo, en palabras de los economistas radicales estadounidenses, la estructura institucional que ha configurado el mundo en el que vivíamos hasta ahora. Más concretamente, se están rompiendo las formas de relación entre capital y trabajo, entre capital y Estado, entre capitales y la propia ideología dominante.

   En este escenario no cabe respuesta en el marco institucional previo, es decir, no es posible pensar en términos de algo que ya no existirá por más tiempo. Y esto la derecha económica lo sabe perfectamente. La derecha está dinamitando esas relaciones arriba mencionadas con objeto de avanzar hacia un nuevo orden social de una naturaleza profundamente regresiva. Cabe decir, a modo de ejemplo, que la derecha no reforma el mercado de trabajo sino las relaciones laborales, esto es, la relación entre capital y trabajo. Y obviamente lo hace a favor del capital, porque el modelo social al que aspira requiere eso. Requiere superar las actuales instituciones a favor de una nueva configuración social diseñada a partir de sus tesis ideológicas.

   La izquierda tradicional o socialdemócrata, sin embargo, espera amargamente un cambio milagroso que le permita volver a ofrecer soluciones en un marco familiar. Por esa razón los partidos socioliberales, como el PSOE, limitan su acción política a esperar que la Unión Europea de un giro de 180 grados y vuelva a admitir políticas de inspiración keynesiana. Pero no entienden, o no quieren aceptar, que la propia Unión Europea es una institución rota que se mantiene viva porque la derecha la está utilizando en su huída hacia delante, hacia ese nuevo orden social que convenimos en llamar neofeudalismo.

   La solución a esta crisis estructural tiene que ser necesariamente estructural, es decir, ha de modificar todas esas relaciones a las que hacía referencia antes. Pero no al modo en que lo hace la derecha, sino a partir de otra lógica radicalmente distinta. Las medidas de política económica necesarias implican romper y superar el marco actual.

   Baste un ejemplo gráfico. El problema de la vivienda en nuestro país es tan grave que lleva a que haya una media de 250 desahucios al día a la vez que existen casi 6 millones de viviendas vacías, todo lo cual se acompaña de una realidad social que impide que las generaciones más jóvenes puedan incluso aspirar a emanciparse. Esa situación puede resolverse interviniendo en los stocks de viviendas que son propiedad de los bancos, tanto de los privados como de los que están intervenidos, pero conlleva necesariamente romper con la lógica imperante hasta ahora. Es decir, es una solución radical -la única posible- que implica romper con los contratos y la llamada seguridad jurídica, e incluso con la propiedad privada. Lo mismo ocurre con otras soluciones necesarias como la auditoría de la deuda pública o la reestructuración de deudas privadas, medida esta última que recomienda ya hasta el FMI.

   No olvidemos el contexto histórico, en un mundo altamente globalizado donde las economías capitalistas compiten entre sí con mayor ferocidad que nunca y donde los trabajadores de todas partes están sometidos a la existencia del “ejército industrial de reserva mundial”. El mundo está cambiando y esta crisis está demostrando que la fractura institucional afecta a todos los niveles, incluído el ideológico. La gente está cambiando también su estructura mental, tras desmitificar el capitalismo y la ideología dominante que profesaba que el individualismo social y económico nos llevaría a la gloria personal y nacional. Todo está en cuestión y lo estará más en los próximos meses y años, abriendo oportunidades y riesgos nuevos para la configuración de una nueva sociedad.

   La derecha ya ha tomando su decisión porque está huyendo hacia delante. Sabe que de esta crisis ha de nacer un nuevo orden social y, dejándose arrastrar por la dinámica del sistema capitalista que conlleva la competencia feroz en todos los ámbitos, se está deshaciendo de lo que considera lastres (Estado del Bienestar y derechos laborales fundamentalmente). La izquierda está despertando, afortunadamente, y ya reclama la refundación de los países y las economías, llamando a nuevos procesos constitucionales y otras nuevas formas de cambiar la configuración social actual. Ahí es donde yo veo la batalla, en responder qué nuevo orden social queremos nosotros en contraposición con el dramático deseo de la derecha.

Alberto Garzón Diputado por Málaga en el Congreso