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viernes, 12 de septiembre de 2014

Necesidad e intención por Alberto Garzón

   Esta mañana el Dierio.es ha publicado un artículo escrito por  nuestro Diputado en el Congreso por la provincia de Málaga, Alberto Garzón, donde nos habla de la necesidad de la creación de un Bloque Democrático de izquierdas  que genere un contrapoder al actual bipartidismo y sea capaz de cambiar el injusto sistema en el que estamos inmersos.

   Un artículo, donde se expresa la oportunidad histórica y la responsabilidad que tiene a día de hoy la izquierda española de poder cambiar las cosas, de crear OTRO MODELO DE PAÍS Y DE TRANSFORMAR LA SOCIEDAD, compartimos las interesantes reflexiones de Alberto y que las mismas os sirvan para reflexionar sobre este importante momento político por que estamos atravesando en nuestro país. 

   "Sin duda enfrentamos un tiempo de emergencia social. Los alquimistas de la ciencia social nos siguen empujando con sus recomendaciones hacia la barbarie. Empobrecen a los ya empobrecidos, y precarizan toda relación social a fin de que la máquina de hacer beneficios pueda seguir siendo lubricada con el trabajo ajeno. Nuestro entorno natural es depredado y las mujeres cosificadas y reducidas a simple mercancía. Los seres humanos perdemos nuestra condición de ciudadanos y pasamos a ser meros clientes de las grandes empresas transnacionales. La transformación económica no es sólo técnica sino que abarca todos los rasgos de la vida social. Todo cambia, y a peor para la mayoría social.

   Nada nuevo bajo el sol, pues en el sistema capitalista cada crisis se resuelve con un amplio reajuste basado en empeorar las condiciones de vida –y especialmente las condiciones laborales– de la mayoría social. Se trata además de un fenómeno paralelo al enriquecimiento de una elite económica que es capaz de pilotar los cambios sociales a través de sus títeres políticos.

   Y en España estos títeres políticos, meros siervos de la élite económica, cristalizan en el proyecto político del bipartidismo. Y es que, más allá de matices, PP y PSOE comparten un proyecto de transformación social. Singularmente en el momento político actual ambas organizaciones operan como el soporte político de las reformas impuestas por aquellos alquimistas de la ciencia social. A saber, del BCE, la Comisión Europea y el FMI.

   Claro que, como en toda estructura formada por distintos componentes, siempre hay un eslabón más débil que el resto. Y a menudo, como ocurre en las obras de ingeniería civil, la caída de ese eslabón acaba suponiendo la quiebra de la estructura misma. Ese es el riesgo que se cierne sobre el bipartidismo español, es decir, que el incierto futuro del PSOE termine de cerrar las posibilidades de las reformas pensadas por los alquimistas.

   La élite económica y política trata de cuantificar los daños ejercidos sobre ese eslabón débil y el conjunto de la estructura, y asimismo diseña todo tipo de medidas para minimizar los daños. Y es que su salida a la crisis, que es suya porque está diseñada por y para ellos, está en juego. Su recomposición económica exige pasar por encima de la mayoría social, que ya no es por más tiempo silenciosa sino gritona y rebelde. Así elaboran códigos penales regresivos que tratan de infundir miedo en los movimientos contestatarios, y diseñan leyes electorales que instauran una nueva aritmética variable a favor del proyecto bipartidista.

   Pero mientras tanto, un contrapoder se va organizando. Poco a poco van cobrando fuerza proyectos políticos antagónicos. Proyectos de emancipación social.

   Las asambleas ciudadanas se llenan de debates ilusionantes como nunca antes. ¿En qué país queremos vivir? ¿Cómo y quiénes lo transformaremos? Construir un nuevo proyecto de país, esa es la necesidad política. Así que lo que al principio fue un susurro y después se convirtió en un estruendoso grito amenaza ahora con convertirse en himno nacional.

  Entretanto, también hay una nueva cultura política naciendo. Las raíces de esta nueva forma de entender la política se encuentran en muchas partes. La tradición republicana de participación política es sin duda una de ellas. Esa es la fuerza democratizadora que está empujando a muchas organizaciones a procesos de regeneración interna. La otra, la tradición socialista que emerge con fuerza en la defensa de lo público/común. En resumidas cuentas, ningún ciudadano sin acceso a los derechos básicos recogidos por la carta de los derechos humanos.

   Pero la necesidad de un proyecto de emancipación para la mayoría social, que combata las intenciones de la élite económica y política y de sus alquimistas sociales, requiere el acompañamiento de una nítida intención política. Es decir, el tiempo histórico exige estar a la altura política.

   No por más tiempo puede la izquierda abandonarse a la inercia de la historia. La izquierda tiene la obligación moral de aprovechar la oportunidad histórica para cambiar la historia misma. Para cambiar el futuro. Y ello impone una realidad incontestable: la unión de fuerzas en lo político, cultural y electoral es el instrumento imprescindible para lograrlo.

   Al fin y al cabo, la confluencia se construye desde abajo. Se construye en la defensa de lo público y en la conquista de los derechos en las calles. En las huelgas generales, en las manifestaciones, en las mareas ciudadanas y en los piquetes. También se construye en lo cultural, compartiendo reflexiones y debates y aceptando en nuestra mente la posibilidad del éxito. Es decir, convirtiendo nuestra concepción del mundo, de ese otro mundo posible y necesario, en el sentido común de la sociedad. Pero también se construye en las instituciones públicas ya constituidas. Luchar juntos en las instituciones lo que luchamos juntos en la calle y en las ideas. Ganar las elecciones es el medio con el que buscamos construir un fin, que es el de transformar la sociedad. Un nuevo proyecto de país.

   De ahí que estemos en condiciones de asegurar que la victoria pasa necesariamente por la constitución de un bloque democrático para la transformación social. Un bloque democrático que en lo político, lo cultural y lo electoral pueda frenar a la élite económica y política y pueda a su vez darle la vuelta a este mundo que, como escribió Eduardo Galeano, está patas arriba.

   Nosotros no tenemos miedo, sino ilusión. Hemos creído siempre en el proyecto del Partido Comunista de España y de Izquierda Unida aún cuando los espejismos económicos e ideológicos inundaban el panorama político. Cuando el proyecto bipartidista sentaba las bases de la Unión Europea neoliberal, nosotros lo combatimos. Cuando el bipartidismo consolidó las prácticas caciquiles y corruptas, nosotras las combatimos. Aún cuando otrora revolucionarios se sumaban a la proclama de que el fin de la historia había llegado, y pasaban a engrosar las filas del progresismo ingenuo, nosotros permanecimos ahí. Incrédulos con los cantos de sirena del sistema, desconfiados ante los avances electorales, nuestros principios y valores socialistas permanecieron inalterados. Lo hicieron antes y lo harán ahora, porque creemos firmemente en la necesidad y posibilidad de emancipación de la mayoría social. De emancipación frente al banquero, al rey, al patriarcado, al cacique y al capitalismo.

   Nuestra tradición política lleva inscrita en su ADN la formación de bloques democráticos de contrapoder al poder. De bloques populares que frenen a la oligarquía que en cada momento histórico trata de arrebatarnos las conquistas sociales que arrancaron al poder nuestras madres y abuelos. Por eso tenemos claro que queremos aprovechar la oportunidad y convertir un momento de emergencia social en un momento de esperanza política para la mayoría social. Porque sí, se puede, pero sobre todo porque se necesita.

Alberto Garzon (Diputado Izquierda Unida en el Congreso)

jueves, 5 de septiembre de 2013

Decrecimiento

   Compartimos con todos vosotros/as un artículo de Rafael Saravia publicado en el Diario de León, el autor induce a una reflexión sobre el sistema capitalista y la explotación laboral que hoy día sufre la clase trabajadora de este país. Como ya venimos repitiendo, al Gobierno de la Nación no le interesa la creación de empleo, prefieren tener un ejército de parados que vendan su fuerza de trabajo por una miseria, porque estos parados necesitan recursos económicos para subsistir. Este ejército de parados sirve a la vez al empresario para amedrentar a los trabajadores en activo arrebatándoles a éstos sus derechos con la amenaza del despido.

   Necesitamos un cambio de modelo político-económico-social, construirlo con la participación ciudadana como pilares básicos y fundamentales, y con la economía al servicio de los ciudadanos/as y de la mayoría social. Cada vez son más las voces que se unen a esta corriente de cambio y reflexionan en este sentido, una muestra de ello es el artículo de Rafael Saravia: 

   Me levanto con el escozor en la punta de la rabia. Me levanto con esa mala leche que le queda a uno después de haberse acostado leyendo una noticia que escuece y preocupa más de lo que parece. La noticia, leída de mala manera, nos da un dato halagüeño, la bajada del paro en estos meses. La noticia, leída de manera real, con sus notas y todas sus letras, nos deja un escalofriante dato: la explotación laboral crece como hacía años que no se veía.

   Los datos son alarmantes, jornadas de 12 horas diarias para sueldos de 500 euros al mes. Y no hablamos de uno ni de dos casos aislados... Hablamos de prácticas comunes en grandes empresas, teniendo hasta un tercio de la plantilla contratada como becarios con jornadas maratonianas y sueldos irrisorios.
Uno se retorna a épocas muy dudosas, hace 50 años la jornada laboral media era de 48 horas semanales, hace 40 años bajó a 44 y no hace tanto era habitual las jornadas de 35-40 horas semanales. Hoy en día, asistimos a la fuerza del todopoderoso mercado, a la amenaza del dato escalofriante de los cinco millones de parados para, con el miedo repleto y el plato vacío, asumir lo que nos echen. Si nos amparamos en las propias leyes de los mercados, la solución a esta sinrazón nos la da un intelectual de primer orden que lleva luchando años en pro del beneficio social y en contra de la hecatombe que el ser humano está provocando en este planeta en los últimos dos siglos. Este hombre, el profesor Serge Latouche, nos da la clave: trabajar menos para ganar más. Cuestión de oferta y demanda... el hecho de trabajar tanto por tan poco lo que hace es tirar el precio del trabajo. Si trabajas más, incrementas la oferta de trabajo, y como la demanda no aumenta, los salarios bajan. Cuanto más se trabaja más se hace descender los salarios. Esta ecuación es fácil plantearla pero muy difícil imponerla sin un marco jurídico y legal que imponga a las grandes empresas unos límites a favor del desarrollo social. Hace falta voluntad política para la mejora, sin duda.

   Pero la teoría que defiende Latouche va más allá, y es una más que racional propuesta de limitación del consumo incontrolado. Decrecer, en el sentido más ecosocial de la palabra. En su libro La sociedad de la abundancia frugal, editado por Icaria, nos dice que hay que aspirar a una mejor calidad de vida y no a un crecimiento ilimitado del producto interior bruto.

   El Decrecimiento no es una alternativa en sí misma, nos dice el profesor Serge... pero sí es un germen ideológico de hacia donde deben ir unas propuestas que suplanten a las actuales normas sociales que se rigen por el consumismo desmesurado dentro de un capitalismo que hace aguas por todas partes.
Decrecer, replantearse hacia dónde y cómo queremos avanzar, no es algo malo. Ir para atrás para recorrer el camino con mayor calidad social y vital es, tal vez, un paso a favor de la vida y el bienestar común. Tal vez, decrecer, sea evolucionar




 

martes, 18 de junio de 2013

La creación de un frente de izquierdas

   Nos gustaría compartir con vosotros/as un artículo de Iria Meléndez Pérez  investigadora en Psicología en la Universidad Autónoma de Barcelona y Diego González Cadenas investigador en Derecho Constitucional en la Universidad de Valencia, publicado en La Marea.

   En su artículo nos hablan del debate abierto entre los partidos de izquierda de nuestro país de la posibilidad de crear un frente común de izquierdas para enfrentarse al neoliberalismo y a la socialdemocrácia imperante en nuestros días, que provoca dolor y sufrimiento con sus políticas a los ciudadanos/as españoles al imponer los dictados de los Mercados y de la Troika. 

   Desde nuestro punto de vista es un buen artículo para leer y reflexionar acerca de esta posibilidad. Nuestra formación política, Izquierda Unida, siempre ha defendido la unidad de la izquierda para hacer frente al sistema capitalista, siendo capaces de huir de nuestras pequeñas diferencias y reforzar nuestras grandes similitudes, hasta tal punto que hoy nuestro grupo de diputados en el Congreso recibe el nombre de Izquierda Plural incluyendo entre sus filas a diputados de CHA, ICV y EUiA con los que concurrimos juntos a las elecciones generales.

   Pero el bipartidismo, estando hoy herido de gravedad, se protege. Los neoliberales del  PP y los socialdemócratas del PSOE, han pactado para presentar en Europa un acuerdo que quema a fuego lento los derechos de los trabajadores/as de nuestro país. El llamado pacto del sidecar, donde Mariano Rajoy conduce y Rubalcaba actúa de acompañante, no es más que un esfuerzo por parte del PSOE y PP de apuntalar un régimen bipartidista que se desmorona y se viene abajo.   

   Por ello, la izquierda se debe organizar apartar sus diferencias y presentar un programa común que venza al bipartidismo, a este régimen capitalista y corrupto, dando paso a un nuevo proceso constituyente que nos devuelva al Pueblo español la Democracia que ahora está en manos del capital financiero, los Mercados y la Troika.  


   IRIA MELÉNDEZ y DIEGO GONZÁLEZ// Hablar de proceso constituyente no es, a diferencia de hasta hace muy poco, un mero deseo. La crisis económica ha provocado una crisis de dominación en la que la clase dominante tiene cada vez más dificultades para hacer valer sus intereses como universales. El cóctel resultante, en el que se mezclan elementos a veces contradictorios como el “que no nos representan”, “PP y PSOE lo mismo es”, “para qué voy a votar si son todos iguales” o “voy a votar a otros porque estoy cansando de que me tomen el pelo los de siempre”, supone la apertura de una ventana de oportunidad que permite una redefinición de los márgenes entre lo posible y lo imposible. Ahora bien, que la hegemonía neoliberal se resquebraje no significa que automáticamente se forje una nueva mayoría popular transformadora. El resultado de la ventana de oportunidad que se cruce dependerá de la correlación de fuerzas existente y se sintetizará en un punto del eje entre la reacción, el gatopardismo y la trasformación radical de las relaciones sociales. De ahí la urgente necesidad de construir un frente de unidad popular con tal de que entre los diferentes actores sociales en pugna el elemento transformador sea hegemónico.

   Con este artículo, animados tanto por los últimos sondeos electorales como por los resultados de las elecciones catalanas y gallegas, nos hemos propuesto contribuir a la construcción de un frente amplio huyendo del –acomodado- sectarismo y evidenciando algo que todo el mundo conoce: las izquierdas, a pesar de concurrir divididas a las elecciones,  comparten, en esencia, los mismos puntos de vista sobre cuestiones clave. Los veinte puntos que hemos analizado, conformadores de lo que a nuestro parecer es parte de un programa de mínimos de ruptura, así lo demuestran: el nivel de coincidencia, como señalamos en la tabla, es de 91,65%. Es cierto que existen numerosos matices, y que se dan distintos grados de intensidad entre el anticapitalismo y la socialdemocracia, pero ante una situación de emergencia como la que nos encontramos se hace urgente tender puentes y focalizar esfuerzos en los puntos de unión.

   Desde luego, como se ha planteado desde Cataluña,  no se trata de llevar a cabo pactos entre las cúpulas de las diferentes fuerzas políticas sino de emprender un proceso participativo en el que los movimientos sociales jueguen un rol central haciendo de la multiplicidad de reivindicaciones concretas un universal que se identifique con la propuesta aglutinadora de activación del poder constituyente. Como lo resume Žižek, “la situación se politiza cuando la reivindicación puntual empieza a funcionar como una condensación metafórica de una oposición global contra Ellos, los que mandan, de modo que la protesta pasa de referirse a determinada reivindicación a reflejar la dimensión universal que esa específica reivindicación concreta contiene.”

   Somos conscientes, como tantas veces se ha advertido, que de poco sirve el acceso al poder institucional si no está respaldado por el poder popular. Como así lo demuestran las recientes experiencias latinoamericanas, ha de producirse un entrelazamiento dialéctico entre poder constituyente y poder constituido de tal forma que mientras el primero se convierte en el elemento dinamizador (antiestático) del segundo a través de mecanismos de participación y de control democráticos, el segundo se erige en garante de los derechos y del ejercicio democrático del primero. De ahí la importancia de la toma del poder institucional y de emprender una estrategia de ruptura constituyente que permita la construcción de un nuevo bloque histórico, de una nueva hegemonía cultural, de una nueva cotidianidad. Pero también, en lo inmediato, para ser el freno de emergencia a las políticas neoliberales y garantizar no únicamente los derechos civiles y políticos sino también los sociales, económicos, culturales y medioambientales, replanteándonos radicalmente un modelo de crecimiento basado en una estrategia imperialista de obtención de recursos a precios irrisorios y en la devastación del medioambiente.

   Queda únicamente por preguntarse si nos atrevemos a dar el paso e iniciar un proceso de transformaciones sociales profundas no sólo desde la calle sino también desde las instituciones. Si entendemos que la victoria de Syriza en Grecia es fundamental, ¿por qué no iba a serlo la de un Frente Democrático en España? En las próximas elecciones al Parlamento Europeo en 2014, de circunscripción electoral única, tenemos una primera prueba. ¿Cometeremos el error de las anteriores concurriendo divididos? ¿Volveremos a buscar sin éxito, como advirtió en su momento Isaac Rosa, la papeleta de Izquierda Unida Anticapitalista Internacionalista? De la puesta en marcha inmediata de reuniones entre partidos, movimientos sociales, ciudadanía interesada y sindicatos (no olvidemos a los anarcosindicalistas) dependerá. La correlación de fuerzas que se establezca determinará si caminamos hacia la salida democrática o al autoritarismo. El tiempo apremia: el régimen se hunde a pasos acelerados y los progresos de las fuerzas transformadoras son todavía muy lentos.

Tabla de partidos y coincidencia de programas 

   

martes, 19 de marzo de 2013

Después de hoy

   Hoy nos gustaría compartir un pequeño artículo que escribió Rafael Saravia para el Diario de León, donde expresa que es posible un mañana donde exista la alternativa al sitema que hoy nos puede y nos hunde. 

RAFAEL SARAVIA 13/03/2013 

   Hoy es un buen día de víspera. Uno de esos días en el que un hombre puede mirar al mañana con esperanza. Mañana siempre ha de ser un motivo para la lucha, para la mejora. Hoy, trece de marzo, miro al mañana con la complicidad del que celebra grandes efemérides que ayudan a no perder horizontes esperanzadores. Mañana… Mañana será catorce de marzo; Un catorce de marzo murió un hombre que constituyó una afrenta verdadera contra un sistema que hoy nos puede y nos hunde. Fue de los pocos pensadores e intelectuales que dio una alternativa a ese mal que él mismo llamó «dictadura de la burguesía». Hablo de Karl Marx; un hombre que entendió ya en el siglo diecinueve que el poder de un pueblo ha de ser gestionado por el mismo pueblo. Tal vez no sea el sistema perfecto aquel que proponía Marx (tal vez sí y figuras como Stalin o Mao desfiguraron las pretensiones verdaderas de ese socialismo del que teorizó en vida Karl Marx), no obstante, fue una bocanada de luz para aquellos que no eran capaces de imaginar una alternativa al pensamiento imperante. Y a eso debemos agarrarnos, a ser conscientes de que cuando sólo existe una opción, la libertad se resiente.

   Un catorce de marzo (me sigo agarrando a esa esperanza del mañana), nació un hombre que imaginó una alternativa social y supo dónde estaba el problema a erradicar.

   Pero la esperanza no se alimenta sola, lo hace de conciencias críticas y librepensadores, esos que siempre defendió este hombre, este intelectual que de manera clarividente sentenció hace décadas: «La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal». Un judío que pudo huir del nazismo; un hombre de la talla de Albert Einstein.

   Acaba de morir Hugo Chávez; un hombre que independientemente de los juicios de valor que cada cual se pueda formar, otorgó a su pueblo, Venezuela, en su mandato, unos índices de educación y sanidad que nunca conocieron. Medios internacionales como la Fundación Carter o Naciones Unidas lo avalan. La idea es esa; plantear que otras opciones son factibles, que existe un mañana por celebrar si se mira a ciertos actos y personas del ayer que nos guiaron. Saber que si ponemos algo más que fe, nuestra sociedad avanza. Quitar, recortar o degradar no es la solución. Ya lo dijo en su día Alexandr Solzhenitsyn: «Tendrás el poder sobre las personas siempre que les des alguna cosa, pero si a un hombre se lo quitas todo, ya no estará bajo tu poder». Algunos ofrecieron educación y sanidad… y con eso, algunos, ganaron elecciones tras elecciones. Tal vez el ejemplo del ayer, el buen ejemplo, pueda servir de modelo para un futuro que mejore lo bueno y depure los malos flecos que generan controversia. Hoy es trece, mañana celebraremos que hay un futuro después del hoy. Hagámoslo mejor.